A
mí me pone Spiderman.
A mí me pone Marilyn.
A mí me pone hacer el animal.
A mí me pone Haddock y Tintín.
A mí me pone Bollywood.
A mí me pone lo que me pongo.
A mí me pone la Barbie
rockstar.
A mí me pone que me adoren.
A
mí me pone que me canten una
nana.
A mí me pone que la gente sea
rara.
A mí me pone la lluvia sobre
la cara.
A mí me pone un agujero en la
manga.
Tú
me pones, me pones, me pones,
me pones.
Tú me pones, me pones, me
pones, me pones.
Vivir a segundos sin nada que
hacer,
quedarnos mirando pensando a
la vez,
jugar a ser ricos, hacer un
pastel,
tocarnos las almas con la
punta del pie.
No
me ponen los metrosexuales.
No me ponen los playbacks.
No me ponen los anuncios de
limpieza.
No me pone Ben Affleck.
No me pone Victoria Adams.
No me pone la gente que se
esconde.
No me pone la gente que no
ríe.
No me ponen los “latin
lovers”.
Tú
me pones, me pones, me pones,
me pones.
Tú me pones, me pones, me
pones, me pones.
Vivir a segundos sin nada que
hacer,
quedarnos mirando pensando a
la vez,
jugar a ser ricos, hacer un
pastel,
tocarnos las almas con la
punta del pie.
No
me ponen las mentiras.
Sí me ponen las tiritas.
No me pone la coca loca.
A mí me pone la Coca Cola.
No me ponen los estadios.
A mí me pone nuestro bar.
No me pone el reggaeton.
A mí me pone Jonny Cash.
No me pone la chulería.
Sí me pone la bulería.
No me pone el egoísmo.
A mí me pone el egocentrismo.
No me ponen las bofetadas.
A mí me ponen las carcajadas.
No me pongo cuando quieren
ponerme.
A mí me pongo… ¡me pongo yo!
¡Me pongo yo! ¡Me pongo yo!
¡Me pongo yo! ¡Me pongo yo!
¡Me pongo yo!
¡Mogollón! ¡Mogollón!
¡Me pongo yo!